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Cantos de sirena (EL PAÍS: Cartas al Director)

PATXI AZNAR BELLIDO - Andoain, Guipúzcoa | 03/09/10

Después de la fenomenal paliza propinada a los activistas canarios prosaharauis en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, desde China el presidente Zapatero, refiriéndose a este tema, nos dice que todo va a seguir igual, pues hay al parecer importantes intereses entre ambos países que tienen que ser salvaguardados. Cuando habla de estos intereses me imagino que se refiere tanto a la venta de material militar español a Marruecos, como al expolio de los caladeros pesqueros saharauis y otros más. Lo que no sé es en qué medida valora el presidente del Gobierno el estar ayudando a un país que además de no respetar los derechos humanos, ejerce un peligroso nacionalismo expansionista.

También quiero recordar que fue la Francia de la igualdad, libertad y solidaridad la que impidió, ejerciendo su derecho al veto en la ONU, que este organismo se encargara de velar por el respeto de los derechos humanos en el Sáhara Occidental. La misma Francia que ahora, tras la expulsión de los gitanos, está claramente cuestionada en Europa. Este derecho al veto de algunas potencias reduce la importancia que debería de tener un organismo como la ONU, puesto que se permiten cosas tan insólitas como que el país ocupante del Sáhara Occidental se salte una y otra vez el respeto a los derechos humanos.

Recientemente, el Gobierno italiano ha saldado con el Gobierno libio la deuda histórica que tenía y le ha dado a este último un montante elevado de dinero. El Gobierno español, por el contrario, en vez de saldar la deuda histórica que tiene con el Sáhara -que solamente es seguir reclamando con firmeza el referéndum de autodeterminación en la ONU- hace suyas las tesis de Marruecos y nos dice que se respete la ley que allí impera, llevando el conflicto a una situación que, como ha reconocido recientemente el Frente Polisario, puede acabar en guerra. En este estado de cosas, confiar como se dice desde el Gobierno en que no se vuelvan a repetir los incidentes, suena más a cantos de sirena que a otra cosa.

EL PAIS