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Mahfud Ali Beiba, entrevista que Rebelión publicara en noviembre de 2008

[La personalidad y el compromiso de Beiba quedaron plasmadas en la entrevista que Rebelión publicara en noviembre de 2008 y que reproducimos hoy a modo de homenaje al líder saharaui y en solidaridad con la lucha del pueblo del Sáhara Occidental.]

Entrevista a Mahfud Ali Beiba, presidente del Parlamento saharaui

No es lógico que la ONU equipare al invasor y al invadido, al que viola las leyes internacionales y al que exige que se cumplan

M.L. González | 13/11/2008

14 de noviembre, 33 aniversario del Acuerdo Tripartito de Madrid

Mañana se cumplen treinta y tres años de la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid, por el que España dividió su colonia del Sáhara Occidental y la entregó a la ocupación de los ejércitos de Marruecos y Mauritania. En todo este tiempo los hombres y las mujeres saharauis se han enfrentado a la guerra, al exilio y a la represión más brutal, dentro de los territorios ocupados de su país, pero han sabido luchar por su identidad.

Para el presidente del Parlamento saharaui, Mahfud Ali Beiba, que en esta entrevista repasa la historia de su país y de su gente, a lo largo de estas tres décadas, ese es el elemento que define y caracteriza el futuro de su pueblo, la lucha inquebrantable de los saharauis, la decisión de ejercer su derecho a la autodeterminación y a conquistar su independencia y la soberanía sobre su territorio.

Treinta y tres años después de la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid, ¿qué valoración cabe hacer de aquel hecho, tanto de lo que significó en su día como de las consecuencias que se han derivado de él a lo largo de este tiempo?

Creo que no hace falta decir que esos Acuerdos constituyen uno de los episodios más negro en la memoria colectiva de los saharauis. Fueron el anuncio de una traición que no esperábamos porque, en aquel momento, incluso las voces más autorizadas de la política española habían afirmado que iban a acompañar al pueblo saharaui hasta su autodeterminación.

Pero es que, además hay un capítulo muy interesante de este proceso que hay que tener en cuenta a la hora de sintetizar el análisis sobre la firma del Acuerdo Tripartito y es que, más o menos un año antes, se habían iniciado unas negociaciones entre el Frente Polisario y España (a través del Ministro de Exteriores, Cortina Mauri), en una localidad próxima a la frontera con Argelia, con el general Gómez Salazar, que era el Gobernador del Sáhara en aquel entonces. Estas negociaciones tenían como objetivo la apertura de un proceso de diálogo para llegar a un programa transitorio entre ambas representaciones. En esa reunión, celebrada en el mes de octubre de 1975, en la que hubo intercambio de detenidos y prisioneros por ambas partes, se llegó un acuerdo en torno a un programa transitorio que empezaba con la formación de una Comisión Mixta (de la que Barahim Ghali y yo fuimos nombrados los representantes del Polisario) encargada de abordar la articulación de un plan que englobaba aspectos militares, sociales y económicos durante un período de diez años. Incluso, se llegaron a aplicar algunas partes de ese plan. Por un lado la que hacía referencia a que los representantes del Polisario podían entrar legalmente al territorio en número de dos miembros por cada ciudad y por otro la que daba al ejército saharaui, incorporado a la negociación, una zona del territorio del Sáhara (desde Ausserd hacia el este) para que se estableciera en ella.

En este contexto, la delegación del Polisario se trasladó al Aaiún para tener un nuevo encuentro con el general Gómez Salazar y abordar tanto la formalización de la Comisión Mixta, pues la parte española aún no había designado a sus representantes, como la culminación del intercambio de detenidos y prisioneros. Como fuimos por carretera, los miembros de la delegación saharaui fuimos comprobando que la población saharaui, en ciudades como Tifaritti o Smara, acogía con manifestaciones y expresiones de júbilo el proceso que estaba naciendo.

De hecho el general Gómez Salazar se mostraba preocupado porque decía que las manifestaciones iban a provocar a Marruecos y, a pesar de que nosotros le aseguramos que ese no era el fondo ni el objeto de aquellas manifestaciones, quedó claro que la intención era la de ponerles freno a aquella afirmación espontánea de la voluntad del pueblo saharaui. Una vez en El Aaiún, tuvimos un encuentro con el Secretario General y acordamos con él una nueva cita para tres días más tarde, el tiempo suficiente para consultar con la sociedad saharaui, con la Juventud y, sobre todo con la Asamblea General del Sáhara.

En aquellos momentos existía en el territorio una organización política que se llamaba Movimiento Militar Democrático y algunos activistas de esta organización trabajaban, desde el Sáhara, en el servicio de Comunicación con Madrid. Fueron ellos los que nos trajeron el telegrama que decía que el tema del Sáhara había quedado zanjado y que la orden era arrestar a los delegados del Polisario. Cuando ese telegrama llegó a nuestras manos, los delegados del Polisario estábamos reunidos con un grupo de líderes estudiantiles en un lugar de El Aaiún y, al salir de allí, a sabiendas ya de que no habría reunión con Gómez Salazar, nos dimos cuenta de que la ciudad estaba tomada por los militares, se habían puesto alambradas en todos lados y el panorama era el de un cerco total.

Lo que quiero resaltar con este relato es que la traición que el Gobierno de España hizo a los saharauis en 1975 fue doble y que no sólo se reflejó en la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrd, sino también en la ruptura de ese proceso negociador del que ya se habían aplicado algunas fases.

Dicho esto, también hay que añadir un dato en la contextualización histórica de este episodio lamentable protagonizado de la administración del Estado Español: en el Acuerdo Tripartito de Madrid había una cláusula secreta que decía que la Asamblea General del Sáhara, en cierto modo y al estilo colonial, una institución legislativa, iba a legitimar esos acuerdos. Pues bien, cuando los miembros de la Asamblea tuvieron conocimiento de esta cláusula, decidieron reunirse, catorce días después de la firma del Tripartito (el 28 de noviembre de 1975) para disolverse y crear el Consejo Nacional Saharaui Provisional, que fue la antesala del Parlamento que ahora yo presido y que, por esta causa, tiene la característica de haber nacido antes que la propia RASD.

Aparte de esto, es fundamental afirmar que tantos años después, y a pesar de todo, el pueblo saharaui no sólo sobrevive, sino que mantiene en alto las mismas banderas de lucha que entonces, la descolonización y la independencia.

La deuda que España contrajo entonces con el pueblo saharaui está todavía pendiente y lo que hago aquí no es necesariamente culpar a un Gobierno más que a otro, es sólo constatar que la descolonización del Sáhara no se ha completado y este hecho implica directamente a los Gobiernos españoles, a todos. En este sentido, entiendo que las democracias están para solucionar los errores de las dictaduras y por eso, en mi opinión, es más inexplicable que esta parte de la Historia, compartida por España y por el Sáhara, siga aún inconclusa.

Ha dicho usted que es necesario resaltar que, pese a la firma de este Acuerdo, el pueblo saharaui sobrevive, ¿puede deducirse de ello que el objetivo no explicitado de esos acuerdos era la desaparición física o moral de su pueblo, que la identidad de las gentes del Sáhara Occidental quedara borrada?

Por parte de España no, no creo que hubiera esa intención, y tampoco en el caso de Mauritania. Otra cosa ocurre con Marruecos, y cuando digo esto no tengo temor alguno a equivocarme porque los hechos que se sucedieron desde entonces han puesto de manifiesto que lo que perseguían los marroquíes era el genocidio del pueblo saharaui.

Considero necesario, aquí, llamar la atención sobre dos hechos de coyuntura histórica. Por un lado hay que reconocer que el lobby pro marroquí que había penetrado en las más altas esferas del Gobierno era mucho más activo que el grupo pro saharaui que tenía su cota mayor de influencia en el entorno del Ministerio de Exteriores, y, en medio, estaban los militares, que se habían quedado fuera de juego.

Por otro, a Estados Unidos le preocupaba que lo que había pasado en Portugal (la Revolución de los Claveles) se transmitiera a España y que ése fuera el comienzo de la expansión del comunismo, venido del sur, hacia Europa. Hay que tener en cuenta que había elementos similares (a saber, una dictadura y una guerra colonial en África), que determinaron que EEUU conminara a España a abandonar el Sáhara y a reforzar al régimen marroquí como base de contención frente al comunismo que provenía del entorno africano, y que, en verdad no existía, salvo en la mente de los políticos de ese país.

Al margen de los elementos que acaba de citar, pero sumado ellos, ¿puede concluirse de los hechos sucedidos entonces que España, en el contexto de la puesta en marcha del proyecto continuista de la transición, no estuviera dispuesta a afrontar una guerra colonial con el Frente Polisario cuyos resultados no auguraban nada bueno para la metrópoli?

Bueno, los preparativos sobre el terreno lo que indicaban es que se iba a defender la colonia. Se habían hecho alambradas, campo de minas e, incluso, se habían reforzado las tropas españolas en el Sáhara, incluidos los efectivos saharauis que formaban parte de ese ejército. Además, los propios militares consideraban el abandono del Sáhara como una herida hecha a su honor y así nos lo llegaron a manifestar algunos mandos de la época, en la ciudad de Smara.

Por lo que respecta a los saharauis, hasta el último momento el mártir El Louali nos propuso que fuéramos a ver al entonces príncipe, Juan Carlos, porque estábamos convencidos de que los hechos que estaban sucediendo no representaban la postura oficial de España, sino más bien a la correlación de fuerzas que se había inclinado en favor de uno de los grupos de presión operativos, dentro de las estructuras del estado y, por supuesto, a las líneas políticas marcadas desde el exterior.

Por tanto, creo que el elemento catalizador del abandono español del Sáhara no fue otro que la presión de las grandes potencias; concretamente de Estados Unidos y Francia. No de forma gratuita, la bandera más grande que pudo verse en todo el tiempo que duró la Marcha Verde fue la estadounidense.