Portada del sitioPrensa y RecursosAgenda
Descargar en formato PDF
Barack Obama y el Sahara Occidental

Carlos Ruiz Miguel | 17/07/09

El Sahara Occidental nos importa porque, legalmente, España es su potencia administradora. Un muro con millones de minas divide este territorio rico en pesca y fosfatos. Marruecos se niega a firmar la Convención de Ottawa para eliminar estas armas. Marruecos ocupa la parte más rica del territorio. El Frente Polisario fundó la RASD que controla el resto.

En 1975, Marruecos y Mauritania invadieron el territorio de concierto, iniciándose una guerra contra el Polisario. Parte de la población tuvo que huir refugiándose en Argelia. En 1990 y 1991, el Consejo de Seguridad aprobó un «Plan de Arreglo» que preveía un alto el fuego y el referéndum de autodeterminación que desde 1966 exige la ONU.

Se inició la elaboración del censo. Marruecos bloqueó el proceso y en 1997 se designó a James Baker como enviado personal para desbloquear el conflicto, lo que consiguió con los Acuerdos de Houston de 1997 y los de 1999, aprobados por el Consejo de Seguridad.

A partir de 2000, tras concluir la ONU el censo, Marruecos presionó para suspender el referéndum. Su alternativa eran nuevas negociaciones y una «solución política»: una supuesta autonomía excluyendo un referéndum en el que el pueblo saharaui pudiera elegir democráticamente entre esa opción y la independencia.

El Consejo de Seguridad no aprobó este proyecto en 2001 y dijo en 2002 que toda «solución política» debía implicar autodeterminación.

Baker advirtió que nuevas negociaciones entre las partes eran inútiles. La solución tendría que ser impuesta por la ONU. Esa solución (impulsada por USA y España) fue el «Plan Baker» que el Consejo de Seguridad calificó como «solución política óptima» y apoyó por unanimidad: primero, habría una autonomía controlada por la ONU; y después, un referéndum de autodeterminación con un censo favorable a Marruecos. Marruecos rechazó cualquier tipo de referéndum.

El cambio de gobierno tras el 11-M hizo que Zapatero dejara de apoyar a Baker. También Bush dejó de apoyarle. Ambos respaldaron a Marruecos. Se abandonó el «Plan Baker», pero el conflicto seguía abierto. En 2007 ambas partes presentaron sendas propuestas de solución. Bush, Zapatero y Chirac apostaron por la propuesta marroquí: una supuesta autonomía sin garantías internacionales y sin que el pueblo saharaui eligiera democráticamente entre la misma y otras opciones. Se iniciaron negociaciones que han fracasado. La experiencia ha demostrado que Baker tenía razón.

Obama llegó a la presidencia para aminorar las tensiones y acabar con los abusos de la última etapa de Bush. Su propuesta es apostar por la legalidad internacional y constitucional como medio de solución de los conflictos. El Sahara Occidental, un conflicto menor para EE.UU., se convierte así en la piedra de toque de una política exterior basada en este modelo.

Nada de extraño tiene, por tanto, que Obama haya dejado de apoyar una propuesta, la de la llamada «autonomía» marroquí que, al negar al pueblo saharaui el derecho a elegir su destino entre diversas opciones, no sólo violaba el Derecho Internacional, sino que era antidemocrática y profundamente inmoral.

ABC