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El pueblo saharaui debe decidir libremente su futuro. Avelino González Vega. Nov 07

Avelino González Vega

El hartazgo del PuebloSaharaui después de estos más de 32 años es más que evidente. La comunidad internacional se mantiene al margen, porque el todo poderoso EE.UU. cuenta con un aliado de excepción en el norte de África. Pero no sólo es Estados Unidos el único interesado en la explotación de los recursos naturales del Sahara Occidental, sino Francia.

Éste último, cabe reseñarse, actúa con un proteccionismo neocolonial en Marruecos, que bien podría ser una de sus regiones a sur de los Pirineos. Para muestra un detalle: Marruecos, obtuvo su independencia de la metrópoli francesa en la década de los 50 sin guerra de independencia, ni nada por el estilo.

Francia y sus gobernantes, muy inteligentes ellos, pusieron a un cacique al timón del Magreb que ere un ‘’sultán” que en su linaje podía llevar sangre del “Profeta” del Islam. Lo inundó de poder feudal y de riquezas inconmensurables a cambio de mantener unas líneas comerciales mutuamente interesantes para la Corona Alauíta y para Francia.

A su vez, el resto de la población marroquí está abocada a la pobreza, al analfabetismo, a abandonar sus pueblos y ciudades para buscarse la vida cuando no, a perderla en el mar a bordo de pateras. ¿De qué sirven los acuerdos comerciales o de inmigración? ¿Quién está verdaderamente detrás de las mafias que organizan estos viajes al paraíso europeo? ¿Quien establece las normas para “controlar” el cultivo de droga y su comercialización a través de España?… Son unas cuantas cuestiones, pocas, para la reflexión.

Además, Marruecos es el principal destinatario de la Agencia de Cooperación Internacional española, dependiente del Ministerio de Exteriores. Si lo es por algo será. Y no soy yo quien diga que eso no es necesario; muy al contrario: la población marroquí, sobre todo en el medio rural, está muy, muy necesitada. Pero su graciosa majestad, Mohamed VI (en vida de su padre, Hassan II, ostentaba el título de Príncipe de los Pobres) y sus acólitos, que no llegan al 2% de la población acumulan el 95% de las riquezas del país.

Menos mal que era príncipe de los pobres, porque su dinastía dilapida, la nada despreciable cifra de 35 veces lo que cuesta la monarquía española en caprichos propios y demás sutilezas. Y todo para maquillar una dictadura de tomo y lomo, y alimentar a un ejército improductivo que a falta de un buen sueldo se ampara en el hampa de la corrupción, la mafia y la explotación de los más débiles y desfavorecidos.

Es este orden de cosas, cabe señalar que Marruecos figura en segundo lugar en los acuerdos comerciales para nuestro país (el primero es Francia, claro) tras la Unión Europea. Por eso no se le puede molestar mucho al reino de Marruecos, porque como se enfade, las principales empresas españolas corren el riesgo de perder en el reparto de un suculento pastel.

Ésta es la preocupación que Mohamed VI ha demostrado por su pueblo. Y ahora pretende, con el apoyo de sus incondicionales, también empapados de esos recursos económicos, y cuando no, comprados con el dinero sucio, de anexionarse el Sahara Occidental, trasgrediendo los derechos fundamentales que asiste al Pueblo Saharaui.

No engaña a nadie Mohamed VI. Pero la ONU y la comunidad internacional están permitiendo que Marruecos incumpla todas y cada una de las resoluciones de Naciones Unidas, sin que por ello reciba ninguna sanción, ni siquiera amonestación.

He visitado en varias ocasiones los campamentos de Refugiados Saharauis. Conozco las inquietudes de sus jóvenes, las necesidades de los refugiados, y el hartazgo de esta situación de provisionalidad permanente.

Como hombres y mujeres, como niños y ancianos, no cabe más humillación e indignidad que vivir de la solidaridad durante 32 largos años, en el más inhóspito de los desiertos, donde están condenados en una cárcel abierta, sin libertad y, sobre todo, sin justicia. Es indigno e inhumano verse en esta tesitura.

A todos los gobernantes, sean o no dignos representantes de la voluntad de su pueblo, con legítimas responsabilidades les propongo el ejercicio de la empatía: ¿Cómo se sentirían ustedes de verse en el pellejo de los refugiados saharauis?

Cuando comenzaron los contactos bilaterales entre el Pueblo Saharaui y Marruecos, tal como menciona F.J. Alonso en el diario "Público" se podía vislumbrar el principio del fin. Hasta ahora no se ha conseguido nada. Sólo que no se vuelva a la guerra. El papel de España, antes o después deberá ser más responsable, pues se tiene una deuda moral e histórica con el Pueblo Saharaui.

Los Saharauis miran a España como el naufrago mira la costa. España debe y tiene que ser el “salvavidas”. Y además, sería recompensado por la ayuda, porque lógicamente tras la autodeterminación del Pueblo Saharaui habría que seguir ayudando para construir una país basado en el estado de derecho, democrático y con la paz, la justicia y la libertad por bandera, donde la palabra, el diálogo, el respeto y la tolerancia generen confianza y progreso, base de una convivencia pacífica que es viable y es lo que desea el Pueblo Saharaui.

Marruecos se mantiene como potencia ocupadora del Sahara Occidental. Mantiene un gran ejército con dinero europeo, procedente de los acuerdos de pesca con la Comunidad Europea. Por cierto: los caladeros de pesca que pretende gestionar Marruecos corresponden al Sahara Occidental.

Las múltiples maniobras dilatorias realizadas por Marruecos para retrasar “sine die” el legítimo derecho, por otra parte, inalienable, que tienen los saharauis para determinarse sobre su territorio, está tocando a su fin.

El riesgo evidente reside en que la paciencia y el respeto del Pueblo saharaui para respetar los acuerdos de alto el fuego firmados en Huston, también se acaba. Como bien dice el presidente de la Liga Española Pro Derechos Humanos: es el momento de hacer justicia y respetar los derechos de los hombres, ya sean saharauis, marroquíes, españoles, americanos o europeos.

Avelino González Vega
Relaciones con los Medios de Comunicación
Asociación de amigos del Pueblo Saharaui de Guadalajara