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Maaluma su libertad y la del Pueblo Saharaui

Ante el dolor y el sufrimiento por el que están atravesando tanto Maaluma, como su familia saharaui y las personas que la acogieron aquí siendo una niña, en primer lugar, queremos apoyar -sin ningún género de dudas ni matices- el derecho de Maaluma a viajar donde quiera, a optar por la vida que desee: en los campamentos de población refugiada -viviendo y compartiendo con su familia y su pueblo las terribles condiciones impuestas por la inacción de España y la Comunidad Internacional- o en España con el apoyo de la familia que la ha acogido durante tantos años y sus amistades más cercanas.

Por ello, como Organizaciones solidarias que luchamos por la justicia y la libertad del Pueblo Saharaui, hemos hecho, hacemos y haremos todas las gestiones a nuestro alcance para conseguir que su libertad no sea coartada por nada ni nadie, mediando ante las Autoridades e Instituciones de la República Saharaui.

Este caso, el de Maaluma, no es el primero pero si nos gustaría que fuera el último. Razón por la que tratamos de habilitar todos los instrumentos legales para que no vuelvan a repetirse situaciones como las que estamos atravesando en la actualidad -y desde hace ya demasiado tiempo- y que acarrean un sufrimiento evidente para todas las partes.

No podemos olvidar, en este sentido, que en el Estado Español conviven con nosotros niños y niñas saharauis, jóvenes y adolescentes que por diferentes motivos se han quedado aquí después de pasar unos meses con familias solidarias españolas en nuestro programa de asistencia y cooperación “Vacaciones en Paz” (denominado así porque a través de dicho programa más de 100.000 niños y niñas han podido -durante estos 30 largos años de exilio y refugio- abstraerse de las terribles condiciones de vida impuestas al Pueblo Saharaui).

Programa, éste último, del que nos sentimos especialmente orgullosos y orgullosas. Quizás porque históricamente representa la enorme solidaridad de miles de familias españolas con un pueblo hermano, frente a la ignominia –también enorme- de un bipartidismo caduco, que siempre –y de forma alternativa tras su llegada al poder-, se ha situado de parte del opresor y en contra de la legalidad internacional.

Algunos, muy pocos, tras la estancia estival se quedan arropados por sus familias de acogida por problemas médicos o en el marco de un nuevo programa denominado "Madrasa" (Escuela en castellano) que les permite seguir estudiando y formándose.

En la práctica totalidad de estos casos, los y las niñas saharauis acogidas temporalmente por familias de nuestro país mantienen una comunicación fluida con sus familias en los campamentos que acogen –también desde hace ya demasiados años- a las familias saharauis refugiadas, y estas niñas y niños viajan regularmente a visitarlas, sobre todo en las vacaciones de verano, volviendo sin ningún tipo de problema para seguir con sus estudios o con su trabajo.

De esta forma, estas niñas y niños,temporalmenteacogidos entre nosotras y nosotros, mantienen un contacto permanente y ordinario con sus familias, con su idioma, con su cultura, y también, con las terribles condiciones impuestas a un pueblo pacífico que lleva 40 años esperando que la Comunidad Internacional, y sobre todo España –responsable legal y político de esta tragedia- impongan una solución a la potencia ocupante.

Una familia saharaui nunca da su hijo o su hija en "adopción", esa palabra ni siquiera está en su vocabulario. Con enorme sufrimiento y sacrificio, buscan la "acogida temporal” de sus hijas e hijos debido a las dificilísimas condiciones de vida a las que se han visto sometidos por el abandono y traición que perpetró el Estado Español hace más de 40 años, huyendo además de la invasión y genocidio cometido por el Reino de Marruecos.

La madre de Maaluma, la que la ha parido y criado hasta los ocho años, como cualquier otra madre en el mundo, no quiere ni debe perder a su hija para siempre, después de pasar años sin verla, creciendo alejada de sus hermanos y demás familia, sin contacto alguno durante más de una década.

Cabe preguntarse como reaccionaríamos cualquiera de nosotras o nosotros, cómo reaccionaría una familia española que tras más de 10 años sin ver a su hija o hermana, contemplan -con dolor e impotencia- el regreso de una mujer absolutamente desconocida, que ha perdido toda referencia cultural y emocional con su familia y con su propio pueblo.

Su madre y sus hermanos, por más duro que pueda parecer, quieren también reencontrarse con ella, reconocerla, recuperar el tiempo que ha estado ausente y lo que es aún más entendible, disfrutar de un cariño y un amor que nunca han perdido. ¿Tras doce años de ausencia no merecen al menos esa dicha temporal?

A las familias saharauis les cuesta lo indecible separarse de ellos y de ellas. Son familias como las nuestras, que viven rodeadas de los suyos y que confían en la solidaridad de las miles de familias españolas que saben que van a respetar su cultura e idiosincrasia. Durante la acogida, las familias saharauis –con dolor y sufrimiento- ven la oportunidad -mientras dure el exilio- de que sus hijos e hijas puedan formarse y vivir en mejores condiciones en el seno de familias españolas que cuidan de ellos como si fueran sus hijos e hijas.

Si observamos con cariño y respeto lo que ha sucedido, resulta evidente que el grave problema surgido, y que tanto dolor está generando, no es sino consecuencia de la reacción de una familia que lucha por no perder a su hija para siempre. Por todo ello, conscientes del dolor y sufrimiento -aquí pero también allí en los campamentos-, tanto desde las Asociaciones de solidaridad con el Pueblo Saharaui, como sus propias autoridades legítimas, tratamos de hacer ver a la madre de Maaluma y a toda su familia, el hecho innegable de que pese al dolor de la ausencia durante años, pese a la felicidad inmensa de reencontrar a una persona querida tras años de ausencia y pena, debe prevalecer siempre su libertad y su derecho legítimo a vivir donde ella decida.

Por todo ello, también desde CEAS-Sahara nos mantenemos comprometidos con la libertad y los derechos humanos para todas las personas, aquí, en el Sáhara, y en cualquier otro lugar del planeta. Así lo hemos hecho y así lo haremos. Sin olvidar, jamás, que la igualdad entre mujeres y hombres y la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer forman parte de los derechos humanos fundamentales y de los valores más profundos de nuestra organización.

Somos personas con dignidad, con decisión y conciencia para luchar por la libertad y justicia para Maaluma, para el Pueblo Saharaui, y para todas las personas despojadas de sus derechos en el mundo entero.

¿Pueden decir lo mismo todas esas personas y medios de comunicación que ahora se rompen las vestiduras ante este doloroso caso pero callan cuando nuestras hermanas y hermanos saharauis son torturados, desaparecidos o condenados a cadena perpetua por el mero hecho de defender pacíficamente su derecho a la autodeterminación?

¿Puede decir lo mismo un Gobierno Español que acaba de posicionarse en Naciones Unidas –nuevamente- a favor del ocupante, amparando de esta forma las desapariciones, los juicios injustos bajo corte militar, los hostigamientos,…?

¿Quién puede ahora alzar la voz en defensa de los derechos humanos y la libertad? ¿Los que durante años y años callaron ante la ocupación, las torturas, el despojo, el exilio y el expolio? ¿Los que llenaron sus bocas de declaraciones y promesas incumplidas para un pueblo hermano del que somos directamente responsables?

¿Pueden alzar la voz los mártires saharauis muertos en defensa de sus derechos o los presos pudriéndose en las cárceles de un régimen feudal amigo íntimo de la monarquía española y de muchos de los medios que ahora se alzan en libertadores de Maaluma? ¿Se han hecho eco alguna vez de sus justas reivindicaciones planteadas incluso ante Naciones Unidas?

¿Han dado esos medios alguna vez la palabra a las decenas y decenas de defensores saharauis de los derechos humanos? ¿Les han preguntado por su libertad, por la democracia, por la justicia? ¿Les han preguntado donde quieren vivir y con quién?

Nosotros y nosotras, desde CEAS-Sahara, sí lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo. Seguiremos luchando y trabajando por la libertad individual y colectiva de Maaluma, de Fatma, de Aminetu, de Elghalia, de Takbar, …y lo seguiremos haciendo sin aceptar lecciones de quien ha visto en el dolor de Maaluma una oportunidad quizás para ocultar su inacción, su mala conciencia o su desprecio por la libertad cuando está en juego la relación con un régimen condenado reiteradamente por su desprecio a los derechos humanos.

Los derechos humanos no son una opción política o mediática que se puede suspender durante décadas y abrazar ahora ante el sufrimiento de una familia. No son tampoco un menú a la carta.

TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS Y LOS PUEBLOS.



Madrid, a 4 de mayo de 2016