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REPULSA, SOLIDARIDAD Y LLAMAMIENTO URGENTE

En primer lugar, y ante todo, queremos expresar nuestra máxima repulsa, condena e indignación por los atentados indiscriminados cometidos ayer contra la población en diferentes lugares de Bruselas.

Dichos actos de barbarie representan un ataque a los valores más elementales de la humanidad, valores que compartimos la gran mayoría de las personas de este planeta, por encima de religiones, creencias o ideologías.

Como movimiento de solidaridad con el Pueblo Saharaui, en estos momentos de tanto dolor para las y los ciudadanos de Bélgica -y de Europa entera-, nos situamos al lado de las víctimas y de sus familiares, a quienes trasladamos toda nuestra solidaridad, y porque no decirlo, toda nuestra ternura.

Los ataques perpetrados ayer en Bruselas, junto a los cometidos esta misma semana en Turquía o Costa de Marfil – a cuyas víctimas y familiares también trasladamos toda nuestra solidaridad- , hacen evidente la necesidad de redoblar nuestro compromiso con los derechos humanos, con la democracia y con la coexistencia pacífica a la que tenemos derecho como seres humanos, frente al odio, la violencia y el desprecio por la dignidad de las personas, de que hacen gala quienes amparan, promueven o ejecutan este tipo de actos despreciables.

Los conflictos que asolan el norte de África y el Magreb árabe, junto a la situación inaceptable de terror en tantos lugares como Irak, Siria o Yemen, deben ser resueltos con apego a las leyes internacionales. Necesitamos extinguir el fuego de la guerra, necesitamos resolver los conflictos conforme al Derecho Internacional y sobre todo, necesitamos sembrar las bases de una coexistencia entre los pueblos y las personas, por encima de los espurios intereses de que hacen gala buena parte de los gobernantes a uno y otro lado del Mediterráneo.

No sirven atajos o falsas salidas que más temprano que tarde se vuelven contra todos nosotros y nosotras. Marruecos, convertido artificialmente en “aliado imprescindible” en la lucha contra el terror, mantiene, sin embargo, una postura de intransigencia y desprecio a la Comunidad Internacional: cuando persiste en su ocupación del Sáhara Occidental, cuando debilita de forma consciente a la Misión de las Naciones Unidas en el territorio -encargada de organizar el referéndum y mantener el alto el fuego- o cuando condena –bajo jurisdicción militar- a activistas saharauis por defender pacíficamente el derecho de autodeterminación que, como última colonia de África, el Derecho Internacional les reconoce sin ambages.

El recuerdo de las miles de personas fallecidas en las guerras de Sira o Irak, o en los atentados de Paris, Madrid o Bruselas; el recuerdo de las miles de personas refugiadas que vagan a las puertas de Europa; el recuerdo de los presos políticos saharauis en huelga de hambre; el recuerdo de tantas y tantas personas excluidas de una vida digna en el Sahara Occidental y tantos otros lugares del planeta, deben convertirse en un llamamiento urgente a construir un futuro donde todos los pueblos y todas las personas podamos vivir libremente, y donde se dé prioridad a los principios y normas de derechos humanos, y no a los intereses económicos o políticos de gobernantes sin escrúpulos que si no actuamos con urgencia nos llevarán sin remedio hacia el abismo.



Madrid a 23 de marzo de 2016