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Tú al Sahara... y yo a Londres

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PADRES Y COLEGIOS ha visitado la Escuela "17 de junio", situada en el campamento de refugiados saharauis de Smara, en Argelia, y el St. James Independent School, uno de los colegios privados con más prestigio de Londres. Son las dos caras de una infancia separada por 3.000 kilómetros. Texto: J.C. Barrado / Fotografías: Lucas García ´Garra´

Al principio no había nada. Cuando los padres de Mahala y el resto de la población saharaui tuvo que huir de su tierra, en 1975, ni siquiera tuvieron tiempo de coger sus pertenencias. Huyeron a pie durante días hasta que finalmente, quienes pudieron llegar, se asentaron en el desierto argelino, muy cerca de la ciudad de Tinduf. Sólo había arena, miseria y más del 90% de la población analfabeta. Y un país que levantar.

2008. Han pasado 33 años. No hay grandes lujos ni soluciones al conflicto político, pero el cien por cien de los niños va al colegio hasta los 16 años –después viajan a Libia, Argelia o Cuba a terminar su formación– y aunque faltan libros y lápices, cada daira (núcleos de población de cada uno de los asentamientos o wilayas) cuenta con una escuela. En una de ellas, situada en Smara, el maestro Hamed Dah repasa unas viejas fotocopias para clase de Español. Tiene 34 años y como en los campamentos todo es donado, viste una bata de médico de Osakidetza, el servicio vasco de salud. “¿Cómo están?”, nos dice, con un acento caribeño que delata su estancia en Cuba. “Sí, estuve allí estudiando Contabilidad durante 15 años”. Hamed, de 34 años, no tiene formación como profesor, pero es licenciado universitario y toda sabiduría es válida para enseñar a los niños en el desierto. “Tenemos muchas carencias”, afirma. “No hay cuadernos, ni lápices, ni libros suficientes”.

El único libro de castellano se reduce a un montón de fotocopias arrugadas con sencillos ejercicios sobre temas como la familia, el colegio, la clase, el otoño o el campo. “Perdemos muchísimo tiempo, porque al no haber libros ni fotocopias, tengo que escribir las lecciones en la pizarra y los niños tienen que transcribirlas en sus libretas”

25 MAESTROS Y 600 ALUMNOS

En la Escuela “17 de junio” hay 25 maestros para 600 alumnos entre 8 y 15 años. Mahala, de 9 años, acaba de llegar al colegio junto al resto de los niños. Es su segundo año en la escuela de mayores, y durante este curso está estudiando Árabe, Español, Matemáticas e Historia del Sahara. El horario es de 9 a 13 y de 16 a 18. Después, vía libre para la diversión, ya que no hay hora para llegar a casa. No existe la PlayStation ni mucho tiempo para la televisión –cada vez más familias la tienen, pero consume energía solar–, así que los niños pasan el resto del día en la calle, metiéndose en zanjas, jugando a peleas y, cuando aparece un balón, dándole patadas. Son las 11 y Ahmed, como los demás niños, aprovecha

su media hora larga para jugar cerca de los pupitres y corretear por un desangelado patio de tierra, piedras y arena con un solo elemento de color: la bandera verde, blanca y negra con la media luna y la estrella roja del Frente Polisario. Tiene 8 años y, aunque es algo tímido, habla español mejor que cualquier profesor del colegio. “Estudio mucho para poder volver a España”, reconoce mientras traza para mí cada una de las letras de su nombre en la pizarra.

Ahmed visitó España por primera vez el pasado verano, gracias al programa Vacaciones en paz que desde hace 18 años facilita que miles de niños saharauis viajen a otro país, aprendan castellano, mejoren sustancialmente su alimentación y sean tratados de sus enfermedades. En su caso, cambió una tierra árida como el Sahara por Galicia, una de las comunidades más lluviosas de España. En Smara, la wilaya en la que vive junto a su familia, pasa largos ratos dibujando, aunque en España lo único que quiere es jugar al fútbol, una de sus pasiones.

Son los niños del desierto, están alfabetizados y tienen enseñanza gratuita. El siguiente paso será mejorar la calidad de la educación y que nunca más falten lápices, ni libros, ni cuadernos. Por su futuro y por el de todos.

ESPAÑA, RESPIRO DEL SAHARA

Cambian la supervivencia de vivir bajo un sol de más de 50 grados por los placeres del clima mediterráneo. Aprenden español, hacen amigos, aprovechan para tener una buena alimentación durante dos meses y, en caso de necesitarlo, reciben atenciones médicas inimaginables en el desierto del Sahara.

Desde 1991, más de 100.000 niños saharauis han podido disfrutar junto a familias españolas de acogida del programa Vacaciones en paz. La iniciativa, organizada anualmente por las distintas asociaciones de amigos del pueblo saharaui que existen por toda la geografía española, es un respiro para miles de niños, una experiencia vital y cultural para que conozcan el mundo que existe fuera del campamento de refugiados.

Para participar en el programa de verano, los niños sólo necesitan obtener buenas notas durante el curso escolar. A través de las asociaciones españolas se realiza la asignación de familias. Si el niño ya ha acudido a España con anterioridad, se le procura enviar a la misma familia y, cuando viajan varios hermanos, se intenta que ambos coincidan en la misma ciudad.

¿Cómo acoger? Si alguna familia está interesa en acoger a un niño saharaui este verano, puede ponerse en contacto con la Coordinadora Estatal de Amigos del Pueblo Saharaui en el teléfono 91 531 76 04 o en el correo electrónico ceas-sahara@ceas-sahara.es. También puede ponerse en contacto con la asociación local más cercana para aclarar todos los trámites.

LA EDUCACIÓN EN EL MUNDO

Estos son los aspectos más significativos del Informe Educación para todos, un análisis encargado por la Unesco y que incide en cuatro objetivos principales: la universalización de la enseñanza Primaria, la alfabetización de los adultos, la paridad entre los sexos y la calidad de la educación. En 2008 sólo 51 de un total de 129 países han logrado o están cerca de lograr los objetivos.

NIÑOS ESCOLARIZADOS

El número de niños escolarizados en la enseñanza Primaria aumentó de 647 a 688 millones entre 1999 y 2005. En el África Subsahariana aumentó en un 36% y en Asia Meridional y Occidental, en un 22%. En consecuencia, el número de niños sin escolarizar ha disminuido y el ritmo de esa disminución se ha acelerado después de 2002.

EL PRECIO DE ESTUDIAR

El costo de la escolaridad sigue siendo un obstáculo importante para el acceso a la educación de millones de niños y jóvenes, pese a la supresión de los derechos de matriculación en Primaria decretada en 14 países después del año 2000.

MÁS NIÑOS QUE NIÑAS

El objetivo de la paridad entre los sexos no se ha alcanzado. En 2005, los datos disponibles indican que sólo un tercio aproximadamente de los países alcanzaron ese objetivo en la enseñanza Primaria y la Secundaria.

POCA CALIDAD EDUCATIVA

Un número creciente de evaluaciones efectuadas a nivel internacional, regional y nacional ponen de manifiesto que los resultados del aprendizaje son insuficientes y desiguales.

DESATENCIÓN A LA INFANCIA

Los gobiernos nacionales y los donantes han privilegiado la escolarización formal en Primaria con respecto a los programas de atención y educación de la primera infancia y los programas de alfabetización y adquisición de competencias prácticas destinados a los jóvenes y adultos, a pesar de la influencia directa que estos programas tienen en el logro de la universalización de la enseñanza Primaria y la paridad entre los sexos.

MENOS AYUDA DE LOS RICOS

Entre 2000 y 2004 se multiplicó por algo más de dos la ayuda prestada a la educación básica en los países de bajos ingresos, pero en 2005 disminuyó considerablemente.

El aula.

Un fuerte golpe sacude el aula, pero nadie se asusta ni gira la cabeza para saber que ha ocurrido. Están acostumbrados a oír el impacto de la mesa contra el suelo. Cuatro tornillos solucionarían el problema pero la desidia colectiva hace que los niños tengan que colocar la mesa en su lugar varias veces al día. Un problema con fácil solución.

El material.

Tanto alumnos como profesores parecen haberse acostumbrado a la ausencia casi total de material escolar. Es difícil encontrar libros de texto en un lugar donde aún se carece de los elementos básicos para vivir y donde las paredes de adobe no soportan el peso de una pizarra de cartón.

El patio.

No hay porterías de fútbol, césped artificial o un lugar donde descansar a la sombra, sólo arena. En un lugar donde el sol es su gran enemigo y los niños apenas tienen calzado, caminar por aquí provoca quemaduras en los pies.

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